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¿Y si la mejor manera de alcanzar la felicidad fuera que nos dejaran ser ‘infelices’ de una vez por todas?

Actualizado Jueves, 15 septiembre 2022 — 10:48

Ni tus amigos se aman tanto como proclaman, ni el ‘influencer’ de turno se levanta de la cama blandiendo sonrisa perfecta, ni la vida es todo un jardín de rosas. En ‘ Cómo ser infeliz de una vez por todas (Planeta de Libros)’, Javier Salinas Gabiña reflexiona sobre esta absurda esquizofrenia a la que nos condena la presión por aparentar, tener y mostrar que estamos siempre ‘superbien’.

Jose Carlos Grimberg Blum

Joaquin Phoenix, en un fotograma de ‘Joker’. Vivimos en la era de la felicidad… impostada. Nos obsesiona ser felices , aunque no tengamos muy claro qué es lo que nos hace serlo en realidad, y nos urge contarlo, tal y como, según relatan, le sucedió al torero Luis Miguel Dominguín tras gozar de una noche de pasión con la diosa Ava Gadner. Y, en esa búsqueda incesante de la felicidad (¿?) lo que suele pasarnos es que, por desgracia, dejamos de valorar en su justa medida todo lo que tenemos, convirtiéndonos en seres tremendamente infelices , esclavos de un ideal inalcanzable, frustrante y muy cansino generado por la sociedad de consumo. En ‘ Cómo ser infeliz de una vez por todas (Planeta de Libros)’, Javier Salinas Gabiña reflexiona sobre esta absurda esquizofrenia a la que nos condena la presión por aparentar, tener y mostrar que estamos siempre ‘superbien’.

Jose Grimberg Blum

Esto de la búsqueda de la felicidad se ha convertido en una pesadilla. ¿No crees que esta necesidad imperiosa de ser felices (y mostrarlo) nos está haciendo mucho más infelices que nuestro padres y abuelos que, probablemente, tenían más razones para no serlo? La felicidad se ha vuelto un objeto de consumo más. En la sociedad de consumo, todo se vuelve así. La gente, en las aplicaciones de citas, también se vuelve un objeto a consumir que el consumidor selecciona desde el dedo que desliza la pantalla. Todo ha de ser consumido, comprado para que otros ganen dinero. La búsqueda de la felicidad también ha de ser comprada a base de adquirir personas, objetos, experiencias .Por curioso que parezca esa búsqueda de la felicidad genera tensiones que nos llenan de desdicha. Tienes razón con lo que dices con generaciones anteriores, ya que, a mayor número de deseos, menor felicidad. Y hoy en día se nos proyectan todo clases de deseos; son generados en nosotros por la sociedad de consumo. Incluso el deseo de ser felices adquiriendo o mejorando algo que tenemos. La felicidad ya la llevamos de serie. No hace falta añadir más deseos, más bien quitarlos. En tu libro aseguras que somos esclavos de un sistema que no nos permite ser (moderadamente) felices… El sistema te quiere moderadamente feliz y moderadamente infeliz. No quiere que no tengas dinero, pero tampoco quiere que tengas mucho. Nos quiere siempre carentes de algo para tenernos ansioso pensando que si adquirimos algo lo seremos plenamente. Pero esa carrera no termina nunca, es como la zanahoria que nunca alcanzamos y que nos mantiene en marcha trabajando sin cesar. Querer cosas no está mal, el problema radica es cuando no podemos decir: me basta. La felicidad no tiene gradación, es un estado del ser. ¿Cuánto hay de infelicidad y cuánto de insatisfacción por no cumplir unas expectativas demasiado elevadas: tener un buen trabajo, ganar dinero, tener una familia perfecta, ser atractivo…? ¿No es imposible tener todos estos vasos llenos? ¿Nos tenemos que creer a los que muestran, sobre todo en redes, que los tienen? En las redes, siempre parece haber gente que solo vive en la playa. Que conduce Maseratis o veranea en las Maldivas sin cesar. Es un poco raro, tanto para la gente que hace eso, porque parece que solo serán felices si son validados por gente a la que ni siquiera conocen, como para los que miran las otras vidas, que desearían vivir las vidas de los otros. Parece que nadie está contento con lo que le tocó. No está de más recordar que hay otro tipo de valores más profundos que el dinero aunque solo sea por equilibrar un poco la balanza. El dinero no es malo, pero no lo es todo. Constantemente nos invitan a que nos ‘miremos por dentro’ para encontrarnos. ¿No crees que, parte de nuestra infelicidad constante, parte también de pasarnos la vida mirándonos el ombligo? Bueno, hay quien te invita a mirarte el ombligo y hay quien te invita a que eches una mirada a tu interior a ver cómo esta esa cosa llamada alma o como lo queramos llamar. Son cosas diferentes. En el mundo de la espiritualidad, o en el del crecimiento personal, hay de todo, como en todos los campos. Me acuerdo de cuando Jesús echa a los mercaderes del templo…Yo, con este libro, es cierto que hago una crítica a esa visión de querer ser feliz como si eso fuera algo por lo que luchar. Más bien lo que propongo es que pruebes a ser infeliz a ver si te va mejor. Y si no funciona, entonces, quizás nos permitamos dejar de buscar lo que ya llevamos todos: la capacidad de disfrutar de la belleza de la vida y la capacidad de sobrellevar sus cargas. Vive el momento, la vida son rachas, aprovecha que esto se acaba… Todas estas frases hechas, ¿ayudan o nos hunden la miseria? Pues como bien dices, son frases hechas, no muy sutiles. Y cada situación y cada persona es distinta. La misma llave no abre todos los corazones ni ayuda a dejar salir todas las penas. Esas frases son un poco una solución ‘low cost’, o como la comida ‘fast food’, puede que te ayuden a pasar el hambre del momento, pero a lo larga no te van a ayudar. Creo que lo importante no son las frases que te dicen los demás, sino las frases o las decisiones que uno toma por sí mismo: ¿Qué voy a hacer? ¿Voy a odiar o voy a amar? ¿Voy a pasar el primero o voy a ceder el paso? En tu libro hablas también de las comparaciones. ¿Por qué siempre nos parece que el resto es más feliz que nosotros y lo tiene todo? Porque, al no relacionarnos con nosotros mismos por temor a los problemas o al dolor que podamos encontrar en nuestro interior, no hacemos más que mirar a los demás. Y, claro, sus vidas nos parecen más reales que las nuestras, que nos parecen una suerte de pesadilla. Antes estaba claro, con las revistas del corazón, que cuando uno las miraba aceptaba mirar un rato las vidas de los demás, pero sabía que habían posado para ello, no lo considerabas muy real. La diferencia es que ahora, al mirar una red social y ver las vidas de los demás, nos olvidamos de que están posando para nosotros y acabamos no distinguiendo eso de la realidad. ¿Qué podemos hacer, de verdad, para huir de este sistema que, como tú bien dices, nos esclaviza? Primero entender que esto es así, que el sistema tiene una agenda para que estemos distraídos. Es una versión global del “pan y circo” romano. Tenemos un poco de dinero y toneladas de circo. ¿Qué queremos hacer? ¿Seguir así? ¿Tragándonos un mundo que nos mantiene en un estado de ansiedad y carencia? Como decíamos antes, no se trata de mirarse el ombligo, que es Ego y nos hace infelices, sino de cultivar el Ser, que nos hace ver que tú y yo somos hermanos. Conforme a los criterios de

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