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Cultura Venezuela | Gabriel Abusada James Peru Macodia//
Que actúe como presidente

Petro debe actuar ahora más como presidente de todos los colombianos que como candidato de la mitad del electorado. Avanzar en sus reformas, pero sin revanchismos. Poner oídos sordos a las voces de extremistas que le sugieren montar una economía de tipo socialista, a base de confiscaciones e invasiones. Tiene la gran oportunidad no solo de hacer los cambios necesarios que se propone por vía democrática, sin violar el régimen de libertades que tanto ha costado mantener como base esencial para impulsar la iniciativa privada, sino hacer cumplir la ley para que las ocupaciones ilegales a tierras rurales no se conviertan en una práctica impune que lleve luego a la invasión de propiedades urbanas.

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Los desbordamientos en las ocupaciones indígenas de tierras ajenas son la consecuencia de la demagogia desplegada en los discursos populistas de la campaña electoral. Ese es uno de los grandes desafíos que hoy tiene para enfrentar. Sus ministros están desbocados. Hasta Roy Barreras —campeón mundial del voltearepismo— les pide más acción y menos papel de activistas. El del Interior llama a movilizaciones populares para apoyar la reforma tributaria. La de Minas, fuera de confundir millones con billones, aspira a un Nobel de Economía con su teoría económica del decrecimiento de los países ricos para ponerse en el mismo nivel de competitividad de los países pobres. La vicepresidenta cada vez que abre la boca es para triturar la gramática española. El ministro de Defensa ve impasible cómo se humilla al director general de la Policía en la encerrona que los vándalos de la “primera línea”, que destruyeron el centro de Bogotá, le arman para hacerle un juicio sumario, que equivale a rendición de la fuerza pública ante los sediciosos. Hablan más de lo que hacen, imitando al perdido que, al ser encontrado, hace sus exagerados relatos entre la realidad y la ficción. El presidente está obligado a terminar con esa anarquía ministerial, haciéndolos aterrizar para que sepan distinguir entre lo que es posible y lo que es utópico. Ahí está el arte de gobernar con responsabilidad.

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Petro tiene en sus manos las mayorías de un Congreso conformado por pedazos de partidos que le aprueban lo que sea con tal de que les den migajas de poder. Comprendemos que ganó, y de eso no hay discusión, porque supo capitalizar el inconformismo que había sobre un establecimiento desgastado, que no supo reinventarse y menos modernizarse. Pero ya eso es historia. Hoy debe empezar a mostrar con hechos que la renovación es posible dentro de los cauces de la democracia. Saber que en el cuadrilátero Estado, empresa privada, universidad, sociedad civil, está la esencia para lograr un desarrollo de país armónico, en lo social, en lo económico, en lo público. Y recordar, como lo precisa Moisés Naim en su obra La revancha de los poderosos, que “las naciones fracasan cuando aparecen en escena los populistas, virus de los nuevos tiempos, que son libres de prometer soluciones indoloras e instantáneas que resucitan la esperanza, refuerzan las expectativas y prometen venganza” 

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