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Rafael Ramírez: La verdad sobre el Esequibo

 

El despojo del Esequibo, la ocupación de facto de su territorio y la explotación de sus inmensos recursos naturales deben ser temas de debate nacional, más allá del escarceo entre las élites políticas. Lo que sucede es demasiado grave, las transnacionales petroleras, encabezadas por la Exxon Mobil, comenzarán a producir petróleo en aguas del Esequibo, consumando de esta manera el despojo de nuestro territorio y sus recursos, además de establecer como cierta la tesis de Guyana que bloquea nuestra salida al Atlántico.

Antecedentes poco conocidos

La disputa sobre el Esequibo, desde la firma del Acuerdo de Ginebra, estuvo por muchos años en un lento proceso de discusión, en manos del buen oficiante de las Naciones Unidas, hasta que apareció el petróleo y tras él, las transnacionales petroleras.

Ya en el año 1999, después del triunfo del presidente Chávez, las empresas petroleras comenzaron a presionar al gobierno de Guyana para que le otorgara concesiones o derechos de explotación en el área en disputa. Aquella era una estrategia global de las transnacionales para hacerse de los recursos de hidrocarburos en el extremo nororiental de nuestra región: Venezuela, Trinidad y Tobago y el Esequibo.

Todos los movimientos y posicionamientos de estas grandes  petroleras se formulan con base en la información privilegiada que obtienen usando sus capacidades técnicas, influencia política y sus mecanismos de inteligencia para obtenerla. Por estos datos obtenidos por vías diversas  las transnacionales saben desde hace años sobre las inmensas reservas de petróleo en la Faja Petrolífera del Orinoco, de gas al norte del Estado Sucre, gas en el territorio de Trinidad y Tobago y nuestra Plataforma Deltana, así como los fuertes indicios de acumulaciones de hidrocarburos en las aguas del Territorio Esequibo. Las transnacionales no dan puntada sin dedal.

Ya estando nosotros en el ministerio de Energía y Minas, con el gobierno del presidente Chávez, desde el viceministerio de Hidrocarburos, dirigido por nuestro entrañable amigo, Bernardo Álvarez, nos movilizamos y actuamos de manera decidida, en coordinación con nuestra cancillería de entonces, para protestar ante el gobierno de la República Cooperativa de Guyana, por el otorgamiento de áreas (bloques Pomeroon y Stabroek) para exploración petrolera en aguas del territorio Esequibo.

Así mismo, ejercimos presión sobre las empresas Exxon Mobil y Hess para que desistieran de sus intenciones, toda vez que sus pretensiones se encontraban ubicadas en aguas de un territorio en disputa, reclamado por Venezuela. Tuvimos éxito y se paralizó la actividad exploratoria.

A partir de allí, desde el ministerio de Petróleo iniciamos una campaña agresiva para demarcar bien nuestra soberanía sobre los inmensos recursos naturales en la región nororiental y extremo oriente de nuestro país, para que no quedara duda sobre nuestra propiedad y plenos derechos para desarrollarlos, lo cual está estrechamente ligado al ejercicio de nuestra soberanía.

Lo primero que hicimos fue tomar control de las áreas prospectivas en la Plataforma Deltana, sobre todo iniciar el proceso de unificación del yacimiento Loran-Manatee con Trinidad y Tobago, el primer proceso de su tipo costa afuera en nuestro hemisferio. Este proceso  terminó de manera exitosa en 2007, y confirmaba nuestra propiedad sobre el 73.75% de las reservas de gas de dicho yacimiento compartido con Trinidad y Tobago. Al mismo tiempo que reafirmamos nuestra propiedad sobre los volúmenes de gas, estabamos delineando, sin lugar a dudas, nuestra salida al Atlántico, a lo largo de nuestros límites con Trinidad y Tobago, que, aunque no existe disputa sobre ellos, sin embargo nos permite establecer una posición soberana y firme en contra de las pretensiones de Guyana de bloquear nuestra salida al Atlántico.

Luego tomamos el control del antiguo proyecto Mariscal Sucre, no solo porque estaba en manos de las transnacionales, PDVSA ni siquiera participaba, sino porque su régimen fiscal, de 1% de regalía, era ilegal y su objetivo de exportación contrario a nuestro propósito de traer ese gas para el desarrollo nacional, especialmente para crear un polo petroquímico en el estado Sucre.

Con la Nueva PDVSA iniciamos, tan pronto se presentaron las condiciones técnicas y económicas, la exploración al extremo norte de esos yacimientos porque temíamos que la transnacional que operaba del lado trinitario, a solo un kilómetro de nuestra línea fronteriza,  estuviese “drenando” gas de nuestra propiedad.

Con la nacionalización de la Faja Petrolífera del Orinoco, y la certificación internacional de las más grandes reservas de petróleo del mundo en su subsuelo, se completaba el objetivo estratégico de obtener el control sobre nuestros inmensos recursos de petróleo y gas en la región oriental y nororiental del país, lo cual nos permitió garantizar una extraordinaria base de recursos de hidrocarburos para nuestro desarrollo nacional.

Pero, por otra parte, desde el Estado, a través del ministerio de Petróleo, habíamos recuperado el respeto de las transnacionales petroleras y del sector petrolero internacional. Ahora sabían, a partir de nuestra ofensiva de la Plena Soberanía Petrolera, que éramos capaces de ejercer nuestra soberanía sobre los recursos naturales del país a cualquier costo y ante cualquiera. Para nosotros en el gobierno del presidente Chávez, la soberanía era innegociable.

En el ámbito de la geopolítica, la estrategia del presidente Chávez combinaba una postura de firmeza en el respeto a nuestra soberanía, demostrada fehacientemente en el sector petrolero, con un acercamiento político con el presidente Jagdeo en Guyana, una aproximación al Caribe y al Caricom, tradicionalmente a favor de Guyana en su posición ante el esequibo. Para ello contábamos con Petrocaribe, un mecanismo de cooperación que nos permitió estrechar relaciones con nuestra fachada caribeña desde una perspectiva de solidaridad y amistad, distinta a la arrogante o agresiva presencia durante la IV República, cuando  Venezuela intervenía en los asuntos internos y amenazaba a países como Guyana.

Estábamos allanando el camino hacia un acuerdo amistoso para resolver el  diferendo con Guyana. Se trataba de buscar una solución a un diferendo que estuvo trabado durante muchos años, dejando en el limbo las posibilidades de desarrollo de esa extensa y rica región en favor de ambos pueblos hermanos. Se disipaba así la posición tradicional de algunos sectores del país que favorecen una confrontación o enfrentamiento permanente con Guyana.

Los sectores de derecha del país eran muy sensibles a cualquier acercamiento a una solución amistosa y muy críticos con  cualquier actividad en ese sentido. Se desgarraban las vestiduras nacionalistas, increpaban a las fuerzas armadas; en fin, era una postura que rayaba en  racismo y un desprecio subyacente hacia los hermanos pueblos del Caribe.

Esta posición de búsqueda de acuerdo con Guyana, en términos pacíficos y constructivos, a la vez de la férrea defensa de nuestra soberanía, avanzaba gracias al liderazgo del presidente Chávez tanto en el país, en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, como en la región. Nos acercábamos a una solución.

Todo cambió…

Luego de la muerte del presidente Chávez, nuestra posición política se debilitó de manera extrema con Maduro y nuestra política de defensa de la Plena Soberanía Petrolera dio paso al oportunismo y falta de visión estratégica del gobierno, cosa que de inmediato percibieron las transnacionales y los factores políticos en Guayana.

Recuerdo que en la visita oficial de Maduro a Guyana en agosto del 2013, ya como presidente, y yo todavía como ministro de Petróleo, insistí estar en la reunión entre cancilleres, con Maduro y el presidente Ramotar, para elevar al más alto nivel nuestra protesta ante el gobierno de Guyana, dado que  habían reactivado las concesiones petroleras a la Exxon Mobil y la CGX de Canadá en los bloques Pomeroon y Stabroek. LLevé los mapas, los mostré a los presidentes para que no hubiese duda alguna de nuestra postura al respecto. No pasó nada, para Maduro no era un tema prioritario, él mismo no le prestó importancia, “eran cosas de PDVSA“. Los actores involucrados en Guyana con las transnacionales, de inmediato notaron la falta de interés que Maduro prestó al tema, no dijo nada al respecto, guardó silencio.

En mi paso por la cancillería y luego como embajador ante la ONU, siempre me sorprendió el poco interés que tenía Maduro en temas de Estado, asuntos además que, habiendo sido él durante 6 años canciller del presidente Chávez, debían ser su prioridad y de su manejo. Sin embargo, no era así.

La cancillería que yo encontré era una institución en ruinas, en un estado deplorable de sus espacios e instalaciones. Una institución  golpeada, disminuida, con funcionarios de carrera relegados, maltratados. Sus empleados y obreros en condiciones deplorables, sin ningún tipo de beneficios o derechos. Era un ministerio dirigido de manera negligente, malandra, donde se impusieron grupos de interés, incapaces, por sobre la institucionalidad de un ministerio que resultaría estratégico para cualquier país.  Maduro, despachando desde la Casa Amarilla, en vez de hacerlo desde el edificio donde estaban los funcionarios, demolió todos los equipos capacitados y con conocimiento del tema que siempre existieron en la Cancillería.

Profesionales, civiles y militares, amplios conocedores del tema como Enrique Planchart y el Contralmirante Elías Daniels, eran dejados de lado porque resultaban incómodos al canciller o su grupo. El mismo grupo, por cierto, que llegó con Maduro a Miraflores y que este impuso en la conducción del gobierno; personajes que tienen alta responsabilidad en la destrucción del país y sus instituciones. Lo que hizo Maduro con la cancillería es lo mismo que ha hecho con el país: el desmantelamiento de la institucionalidad del Estado, la imposición de grupos sectarios intolerantes con otros intereses.

Las transnacionales avanzan…

En el 2015, asume la presidencia de Guayana David Granger, ex militar de carrera, ex comandante de las Fuerzas de Defensa de Guyana. Ganó las elecciones cabalgando sobre la promesa de tomar el Esequibo, dando por terminado el Acuerdo de Ginebra y poniendo fin a los buenos oficios de las Naciones Unidas. Prometió abrir el territorio Esequibo a las transnacionales petroleras y convertir a Guyana en un país petrolero, para traer desarrollo a su pueblo. Granger contó y cuenta con el total apoyo de los intereses transnacionales, en especial de la Exxon Mobil.

Esta postura de Granger, hostil y poco amistosa, así como la aceleración de los trabajos exploratorios de la ExxonMobil en aguas del Esequibo, han debido generar una fuerte protesta del gobierno venezolano. Esto nunca sucedió.

El 16 de octubre del 2013 un buque de la Armada venezolana, en cumplimineto de sus responsabilidades, detuvo a un buque que hacía sísmica en aguas del Esequibo para la petrolera Anadarco que  operaba en el Bloque Roraima otorgado por Guyana, al frente al estado Delta Amacuro. Se retuvo y luego, por la presión de Guyana, fue liberado por instrucciones del gobierno.

Mi posición, como vicepresidente territorial, era que se debería detener cualquier buque o plataforma que condujera operaciones exploratorias en aguas del Esequibo. Había que confiscar la data sísmica y ponerla a resguardo de la ONU, denunciar la actividad ante el buen oficiante o del mismo Secretario General Ban Ki-moon, e  impedir que los trabajos avanzaran antes que apareciera el petróleo, antes que fuese demasiado tarde. No se hizo nada.

El 30 de septiembre del 2015, se produce una reunión entre los presidentes de ambos países y el Secretario General de la ONU Ban Ki-moom en el marco de la Asamblea General. Me tocó presenciar este encuentro como embajador ante la ONU.

Fue una reunión dura: Granger era muy agresivo. Sobrepasó con creces a Maduro, quien lució esquivo, aferrado al nombramiento de un buen oficiante por el Secretario General, en el marco del acuerdo de Ginebra. No hizo mención alguna a la actividad de las transnacionales en aguas del Esequibo, lo cual obviamente violaba los términos del Acuerdo de Ginebra. Ban Ki-moom solo observaba y al final acordaron iniciar el proceso de postulación de otro buen oficiante.

Mientas Granger no perdía oportunidad para exponer y defender sus supuestos derechos sobre el Esequibo ante las Naciones Unidas, Maduro guardaba silencio. La única persona autorizada por el gobierno para hablar del caso era Delcy Rodríguez, su canciller, quien no confiaba en nuestro equipo de la ONU. Mientras la canciller, siempre rodeada de un estado general de sospecha paranoica contra todo y todos, estaba paralizada, el canciller Guyanés no dejaba de declarar y actuar en el ámbito internacional: ONU, Caricom, el Caribe.

Guyana utilizaba a su favor el discurso agresivo de Maduro y los innumerables errores que cometía el gobierno respecto al tema, tal como el Decreto de creación de las Zonas Operativas de Defensa Integral Marítima e Insular, cuya demarcación incluía como propias todas las aguas del Atlántico frente al Esequibo; así como el deterioro creciente de las relaciones de venezuela con el caribe, debido fundamentalmente a la incapacidad de PDVSA de honrar los acuerdos de Petrocaribe.

Se perdió un año entero de las gestiones del Secretario General Ban Ki-moom, tratando de que Venezuela aceptara alguno de los candidatos propuestos al cargo de  buen oficiante, como habían acordado en la reunión de 2015. Uno tras otro, los candidatos eran rechazados por Maduro y su canciller, todos eran acusados de ser “agentes de la CIA”. En las Naciones Unidas, una institución seria, que trabaja con base en  acuerdos, esta actitud fue interpretada como una manera de sabotear o mostrar desinterés por parte de Venezuela en el mecanismo de los buenos oficios.

Cuando terminó el periodo de Ban Ki-moom y fue  electo el nuevo Secretario General, Antonio Guterres, lo convencimos, gracias a la confianza y respeto mutuo, y a su postura de buscar un entendimiento entre las partes y evitar conflictos, de no dar por finalizado el mecanismo de buenos oficios como reclamaba Guyana. Sin embargo, Guterres dio un plazo para tomar una decisión, otorgó todo el año 2017 para llegar a un acuerdo.

Una vez que Venezuela finalmente aceptó, con los resquemores de siempre, a Nylander, un facilitador noruego de amplia experiencia en los acuerdos de paz en Colombia, como representante personal de Guterres, este intentó retomar un cauce de negociación que ya se había roto hace tiempo.

Ya no hubo tiempo, la canciller de entonces se consumió un tiempo precioso para la negociación en aprobar el buen oficiante propuesto por las Naciones Unidas. El 30 de enero de 2018, el secretario general Antonio Guterres, anunció  que, habiendo expirado el plazo para encontrar algún tipo de entendimiento entre las partes que permitiese reiniciar las negociaciones entre Guyana y Venezuela, en el marco del Acuerdo de Ginebra, la recomendación del secretario general de la ONU era que las partes acudieran a la Corte Internacional de Justicia, cancelando de hecho el mecanismo de los buenos oficios de la ONU. Guyana obtuvo así un rotundo éxito político y diplomático y se cumplió el objetivo de Grander: salir del Acuerdo de Ginebra.

En mayo del 2015, la Exxon Mobil informa al mundo del éxito de sus descubrimientos petrolíferos en aguas del Esequibo y en el 2018 anunció el desarrollo del Proyecto Liza Fase 1, que para el año 2020 producirá 120 mil barriles día y 750 mil barriles día para el año 2025 (más que la producción actual de la PDVSA de Quevedo)

Mientras tanto delcy viajaba de manera permanente a Nueva York, ocupándose de asuntos personales encomendadas por Maduro para atender los problemas legales de su entorno. Eran viajes con agendas secretas. La ONU era una excusa para estar en Nueva York.  Por intermedio de un abogado litigante en temas petroleros, amigo de Venezuela, me enteré de lo que ya se comentaba entre los sectores económicos y políticos de la ciudad: la canciller, solicitó una reunión con la Exxon Mobil para buscar un acuerdo de explotación conjunta de petróleo en aguas del Esequibo. Por supuesto la transnacional dijo que no tenía nada que negociar, los enviados de Maduro fueron recibidos por la puerta de atrás, atendidos por funcionarios de bajo nivel. Yo quedé sorprendido e indignado por esta noticia, la cual me fue confirmada por el mismo compañero ministro del sector.

Así, quedaba pulverizado el respeto y autoridad del Estado venezolano, conquistado en tantos años de lucha. Ahora una transnacional le tiraba la puerta en las narices a los altos jerarcas del gobierno de Maduro y se jactaba de decirlo a todos sus relacionados.

Lo grave acá, es que el gobierno de Maduro estaba dispuesto a abdicar de nuestra soberanía a cambio de congraciarse con la administración norteamericana, favoreciendo a la transnacional petrolera. El madurismo no entiende, en su debilidad y mar de contradicciones, que la única manera de preservar la soberanía y llevar a las transnacionales al marco de nuestra constitución y leyes, es mostrando coherencia entre el discurso y la acción, actuando en el marco de nuestra doctrina bolivariana de defensa irrestricta de nuestro territorio y de nuestra Plena Soberanía Petrolera, como hicimos nosotros en el gobierno del presidente Chávez.

La entrega

El gobierno de Maduro ha faltado a su responsabilidad constitucional de defender nuestra integridad territorial y nuestra soberanía. No solo ha sido así con el Esequibo, también lo ha hecho con el gas y el petróleo.

Maduro, para congraciarse con los rusos, les ha entregado el gas del proyecto Mariscal Sucre, aquel que recuperamos del proyecto Cristóbal Colón, al norte del Estado Sucre. Las empresas rusas obtuvieron exenciones fiscales y se llevarán el gas del país, de la patria. Ya no habrá ni Polo Petroquímico, ni proyecto Mariscal Sucre con el desarrollo gasífero en el Estado Sucre. También entregaron a las transnacionales que operan en Trinidad y Tobago el gas de los yacimientos que pudimos unificar con el país caribeño en Plataforma Deltana y que también estaba planificado para el mercado interno y  para el Polo Petroquímico del Estado Sucre.

Maduro para congraciarse con los rusos y chinos, entregó las áreas petrolíferas de la Faja Petrolífera del Orinoco, las mejores, las mismas que habíamos nacionalizado y recuperado de la Exxon Mobil y Conoco Phillips y que nos llevaron a juicios y demandas arbitrales, que hasta el 2014 atendimos y ganamos en defensa de nuestra soberanía y hoy, producto de la negligencia del gobierno, han sido la excusa para demandar y embargar a CITGO.

Es decir, Maduro entrega la patria, lo que no es suyo, actúa como si el país fuera su hacienda, hace lo que le da la gana, no respeta las leyes, ni la Constitución, no le rinde cuentas a nadie. Maduro hace lo que sea para congraciarse con los poderes transnacionales, del país que sean, en búsqueda de oxígeno para que lo ayuden a mantenerse en el poder.

El Esequibo se está perdiendo por negligencia del gobierno. El derecho internacional y la política castiga la negligencia y la inconsistencia, la falta de principios. Todos los sectores nacionales, comenzando por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, junto con todos los sectores políticos, incluyendo la Asamblea Nacional y la Asamblea Nacional Constituyente, deben decir y hacer algo.

No permitamos que un asunto clave para nuestro futuro como país, como es la soberanía sobre el Esequibo, quede sepultado en las acusaciones y maniobras políticas entre el gobierno y la oposición. Son este tipo de temas y problemas los que deben concitar la unidad nacional en defensa de los intereses de la Patria.

Mientras tanto la Exxon Mobil, junto con  la Hess y la china CNOOC anuncian, además del desarrollo inicial del Proyecto Liza-1, nuevos descubrimientos y la fase 2 del proyecto, llamado Liza-2, donde se producirán, adicional a los 750 mil barriles día ya indicados, 220 mil barriles días adicionales para el año 2023.

Solo una Junta Patriótica de Gobierno junto a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, será capaz de actuar de manera firme en defensa de nuestra soberanía y recursos naturales. Debemos actuar lejos del discurso estridente del nacionalismo de derecha, que es tan falso que guardan silencio porque la empresa involucrada es nada más y nada menos que la transnacional Exxon Mobil, y lejos de las maniobras guerreristas de Maduro, que busca enemigos donde sea para jugar el peligroso juego de la guerra.

Más allá de todo ese discurso en contra del pueblo hermano de Guyana, debemos actuar de forma firme y soberana para impedir el despojo de nuestro territorio y recursos naturales por parte de ninguna transnacional, sea de donde sea.

En mi blog pueden encontrar  un video donde explicamos de manera sencilla, lo que sucede en el Esequibo. Es un aporte para la discusión y movilización de la conciencia nacional en torno a este tema. Ojalá la Asamblea Nacional, ahora con todos los factores políticos incluidos, sea capaz de fijar una posición al respecto, o la Constituyente tenga el valor de interpelar al gobierno sobre su negligencia en defensa de la soberanía. De no hacerlo, estaremos mostrando tanta debilidad como país, que las transnacionales nos arrancarán no solo la mano, sino el brazo entero.